Quiénes son los dioses menores hoy en la Tierra
Los que hoy conocemos como políticos, financieros, médicos, abogados, actores, actrices de Hollywood y otras figuras de gran relevancia serían, según esta narrativa, las reencarnaciones de los antiguos dioses. Por eso, generación tras generación, habrían ocupado lugares y puestos de distinguido renombre: presidentes, príncipes, princesas, embajadores y otras posiciones de gran influencia y poder.
Desde esos lugares, su función habría sido controlar y dirigir, para después intervenir en la resolución de los problemas que ellos mismos habrían creado. De esta manera, mantendrían un juego de poder destinado a satisfacer sus intereses egocéntricos.
Pero ¿quiénes eran realmente estos dioses menores?
Según esta narrativa extraterrestre en un tiempo remoto gozaban de una existencia prácticamente inmortal y podían vivir miles de años terrestres. Sin embargo, debido a graves delitos cometidos contra la humanidad y contra el universo, especialmente durante una etapa en la que aquella humanidad comenzaba a elevar sus frecuencias, fueron degradándose progresivamente hasta perder aquella condición y convertirse en seres mortales.
Su caída no habría sido solemne y solamente física, sino también evolutiva. Habrían quedado vinculados a una humanidad cada vez más degradada, arrastrándola hacia un sistema basado en el engaño, el sometimiento y la lucha por el poder.
Por ello, la humanidad terrestre habría terminado siguiendo las estructuras de un sistema que no siempre comprende, mientras quienes lo dirigen continuarían actuando desde posiciones de dominio, incluso ante el sufrimiento provocado.
Volviendo al origen de esta historia, el universo los habría atrapado y trasladado nuevamente a la Tierra para que afrontaran aquello que tenían pendiente: saldar sus deudas kármicas y reparar los errores cometidos.
Su misión, por tanto, habría debido ser muy diferente: ayudar progresivamente a la humanidad, liberándola de la pobreza y del esclavismo y enseñándole el camino del amor, no mediante el dolor, el sufrimiento o la creación de nuevos impedimentos.
Esa habría sido, en esencia, la misión de quienes hoy se presentan como representantes del pueblo y de quienes ocupan posiciones de responsabilidad política.
Sin embargo, según esta narrativa, durante milenios habrían hecho justamente lo contrario. Y, todavía hoy, continuarían repitiendo el mismo patrón.
De ahí surgiría su actual conflicto evolutivo. Aunque una parte de ellos pudiera reconocer, consciente o inconscientemente, aquello que está ocurriendo, continuarían aferrados a la misma conducta que los llevó a su antigua caída.
Y así volverían a enfrentarse a graves consecuencias en su proceso evolutivo y a los conflictos derivados de su relación con otras razas cósmicas.
La historia, una vez más, estaría ante el mismo punto de inflexión: repetir el antiguo camino o asumir, finalmente, la responsabilidad de transformar aquello que durante milenios permaneció sin resolver.












