El amor en la Tierra y el Tantra,lo que nuestros ancestros dejaron.
En los albores de la humanidad, cuando la conciencia aún respiraba en armonía con los planos sutiles, existía una forma de amor que hoy apenas logramos recordar. Era una unión profunda, similar a lo que en la actualidad llamamos Tantra, pero mucho más vasta: una experiencia donde cuerpo, energía y espíritu se entrelazaban como una sola corriente viva.
Aquel conocimiento no pertenecía únicamente a la Tierra. Fue traído por inteligencias que acompañaban los procesos de encarnación, entre ellas las que más tarde dejarían su huella en los Vedas de la India, junto a otras razas aliadas. Su propósito era claro: sembrar en la humanidad una vía de expansión de la conciencia a través del amor consciente.
Pero la Tierra no era un terreno neutro. En su densidad habitaban fuerzas que, al percibir el despertar de aquella humanidad, intervinieron en silencio. Lo que era sagrado comenzó a fragmentarse. El amor fue separado de su esencia espiritual y reducido a su expresión más física. Así, el Tantra —antes un puente hacia lo divino— quedó vinculado al deseo, perdiendo su verdadera naturaleza.
Con el tiempo, las frecuencias más elevadas de ese conocimiento se desvanecieron de la memoria colectiva. Lo que permaneció fue una sexualidad limitada, muchas veces desconectada, sostenida por imágenes distorsionadas y ajenas al propósito original que había sido sembrado.
En ese proceso también surgieron desacuerdos entre quienes guiaban la evolución del planeta. No todos los confederados comprendieron del mismo modo cómo sostener un mundo de tal densidad. Las diferencias generaron nuevas capas de confusión, como ecos que aún resuenan en la conciencia humana.
Y, sin embargo, este patrón no es único. Se repite en distintos mundos, bajo distintas formas. La Tierra, conocida en algunos círculos como “planeta en cuarentena”, permanece dentro de un delicado equilibrio: un espacio protegido donde se despliegan programas evolutivos destinados a restaurar la armonía perdida.
El amor en la Tierra y el Tantra
Lo que nos habla las consciencias extraterrestres hoy.
Siguiendo las narrativas de origen extraterrestre, en los inicios de la humanidad existía una forma de amor comparable a lo que hoy conocemos como Tantra. No se trataba únicamente de una práctica física, sino de una experiencia profundamente espiritual, orientada a expandir la conciencia y la conexión entre los seres.
Sin embargo, a medida que esta humanidad evolucionaba y alcanzaba mayores niveles de luz y conciencia, ciertas fuerzas consideradas “oscuras” habrían intervenido, reinterpretando ese conocimiento y reduciéndolo a su dimensión sexual. De este modo, se habría perdido su significado original, centrado en la integración espiritual.
Estas mismas narrativas sostienen que el Tantra fue introducido por entidades vinculadas a antiguas tradiciones, como los Vedas de la India, junto con otras razas extraterrestres aliadas que participaban en procesos de encarnación en la Tierra. No obstante, debido a las condiciones del planeta —caracterizadas por una elevada densidad o “oscuridad”— ese conocimiento se habría distorsionado, dando lugar a prácticas alejadas de su propósito inicial.
Como consecuencia, se habría producido una especie de “desconexión” de esas frecuencias espirituales más elevadas. En su lugar, habría permanecido una sexualidad más limitada, enfocada principalmente en la reproducción y, en muchos casos, influida por representaciones superficiales o distorsionadas.
Este proceso también habría generado tensiones entre distintos grupos implicados en la evolución del planeta. La falta de claridad y las diferencias en la gestión de estos entornos densos habrían contribuido a aumentar la confusión general.
Finalmente, estas corrientes interpretan la Tierra como un “planeta en cuarentena”, un entorno supervisado donde diferentes programas evolutivos buscan facilitar el desarrollo de la conciencia hasta alcanzar un estado más equilibrado y armonioso.










