Lo que hoy continúa sucediendo en el planeta
Desde hace siglos, el control del planeta está siendo ejercido por reptiles, dracos y otras razas menores, pero igualmente negativas para el desarrollo de la humanidad. El problema radica en que, al no ser receptivos y haber olvidado de dónde procedéis, así como al desconocer vuestras vidas anteriores, sois engañados constantemente.
El planeta ha estado sometido a este control, y todo forma parte de un plan siniestro. Hace siglos, la Tierra fue invadida por razas reptilianas y draconianas al servicio del maligno. Se trata de razas regresivas cuyo propósito es dañar y manipular a aquellas que encuentran a su paso. Su presencia se extiende por el universo, y son vigiladas por confederaciones superiores, ya que, en niveles más bajos, resultan en ocasiones incontrolables. Estas entidades no respetan normas ni límites: actúan sin pedir permiso y destruyen mundos a su paso.
Por esta razón, lo que consideráis “Dios” se encuentra mucho más allá de vuestro alcance. Incluso civilizaciones muy avanzadas espiritual y tecnológicamente han intentado aproximarse a esa realidad. En algunos casos lo han logrado, pero cuando estas entidades regresivas son capturadas, son trasladadas a lugares remotos de la galaxia para evitar que interfieran en regiones donde trabajan razas benevolentes. No se las elimina, ya que, en futuras encarnaciones, podrían regresar a sus planetas libres de consecuencias y repetir los mismos actos.
En la Tierra, bajo el llamado “velo del olvido”, sois como niños: os aferráis a lo conocido, y el dogmatismo dificulta que deis un paso adelante. Por ello, se plantea la necesidad de un despertar. Según estas narrativas, en las últimas etapas de encarnación en el planeta, a los seres regresivos se les permite cierta libertad para que la humanidad comprenda el sufrimiento que existe detrás de esta realidad. No es solo lo que percibís; es algo más profundo y complejo. En este proceso no hay intervención directa: sois vosotros quienes debéis dar el primer paso.
Según estas narrativas extraterrestres, el planeta que hoy llamamos Tierra (Urantia) era, antes de la invasión, un lugar de conexión y convivencia donde predominaba la luz y habitaban razas benevolentes. Era un mundo civilizado, orientado al bien común, en el que un grupo de “padres creadores” estudiaba el universo y la vida desde una perspectiva constructiva.
Sin embargo, estas narraciones sostienen que aparecieron de forma inesperada razas beligerantes y peligrosas —reptiles y dracos— que destruyeron ese equilibrio, impusieron sus propias leyes y se apropiaron de la tecnología existente. La población original era escasa en comparación con su poder destructivo. Hubo resistencia, pero la luz fue derrotada.
Este suceso habría sido ocultado por estas fuerzas regresivas, ya que, antes de su llegada, existían civilizaciones poderosas y benevolentes que fueron expulsadas o exterminadas en gran parte. Por ello, en otras versiones de la historia, este acontecimiento puede ser desconocido. De ahí derivaría el gran poder que estas entidades ejercen sobre el planeta.
La conciencia y la luz habrían sido sometidas, llegando la Tierra a tener un 99 % de su población bajo control de estas fuerzas. Ante esta situación, la llamada Federación Galáctica intentó intervenir, pero sus esfuerzos no tuvieron éxito: las fuerzas de la luz fueron derrotadas repetidamente, y sus misiones de rescate acabaron en destrucción o captura.
Posteriormente, se intentó una estrategia más sutil: el envío de seres encarnados de forma discreta. Sin embargo, este proyecto también fracasó. Finalmente, se habría establecido un acuerdo entre una alianza positiva (la Federación Galáctica) y otra de carácter oscuro (la Federación de Orión), mediante el cual seres de ambos lados encarnarían en cuerpos físicos sin recordar su origen. A este proceso se le denomina “velo del olvido”.
En la actualidad, ya en el siglo XXI, estas narrativas sostienen que las fuerzas oscuras han sobrepasado los acuerdos establecidos, generando encarnaciones que exceden lo previsto. Se les ha concedido, además, una permisividad excesiva, dejando muchas de sus acciones fuera de cualquier marco legítimo.
Por ello, la situación actual se describe como la de un planeta que pertenece a todos y a nadie al mismo tiempo. Mientras las entidades benevolentes habrían respetado las normas acordadas, las fuerzas regresivas las habrían incumplido sistemáticamente.
En consecuencia, este conflicto se ha generalizado y se presenta como un ciclo estancado que se repite desde hace milenios en distintas partes del universo, generando desorden y sufrimiento. Desde esta perspectiva, no se ha producido un verdadero avance, y la humanidad continúa en un punto similar al de los primeros conflictos que tuvieron lugar en esta galaxia.
